Reseña. «La familia» de Sara Mesa: ¿Una crítica social objetiva?

«La familia» de Sara Mesa (Ed. Anagrama, 2022)

Opinión:

Ya había leído y reseñado Un amor, de Sara Mesa, una novela que disfruté en su día y de la que guardo buen recuerdo, de modo que esta vez compré La familia en la que puse grandes expectativas. Y vaya por Dios, ¡qué decepción!

Sin duda, Sara Mesa es una de las escritoras más relevantes de la literatura española contemporánea, conocida por su estilo depurado, su enfoque en los márgenes de la sociedad y su mirada incisiva sobre las relaciones humanas. Sin embargo, La familia posee una trama que no se sostiene, carece de verosimilitud, presenta incongruencias, entre sus páginas se pasean personajes principales sin la esperada conexión emocional y secundarios sin un rol concreto dentro de la historia, sin olvidar mencionar una prosa tan fría que me dejó indiferente.

La novela se ambienta en un tiempo y espacio imprecisos, aunque se puede intuir que transcurre en España, en la segunda mitad del siglo XX. La autora evita dar referencias directas a la historia política del país, pero sugiere una sociedad donde las convenciones familiares y la rigidez del patriarca de la familia son elementos inamovibles. Una época, según refleja la historia de La familia, en la que las apariencias tienen un peso determinante y la educación de los hijos está orientada a la obediencia y la contención emocional. La novela expone cómo estos valores se perpetúan y afectan a cada uno de los miembros de la familia, generando una atmósfera de represión y desencanto. Y aquí es donde yo, especialmente, disiento, sobre todo cuando en la sinopsis se explica que se trata de una novela coral que «crítica a los pilares que tradicionalmente han sostenido, y todavía sostienen en gran medida, la institución familiar: autoritarismo y obediencia, vergüenza y silencio».

Está claro que la visión que tiene la editorial, y por extensión Sara Mesa, de la década de los años setenta en adelante no es la misma que tengo yo. En mi opinión, en esos años la mayoría de las familias estaban compuestas por padres que crecieron en los años de la posguerra, muchos de los cuales no tuvieron oportunidad de estudiar, de modo que cuando formaron una familia animaban a los hijos a estudiar, y hasta se desvivían para dar a sus hijos los estudios que les garantizarían una vida mejor que la que el destino les deparó a ellos. Y no desde el autoritarismo, sino desde el amor y el cariño. Por supuesto, no todos los hijos llegaron a realizar estudios superiores y, en efecto, había discusiones entre los miembros de la familia, algo que era y sigue siendo habitual. Así que tomar un caso extremo como si fuera representativo de la familia de la segunda mitad del siglo XX en general, hace que la narración pierda objetividad y verosimilitud, debilitando su crítica social. Además, ese autoritarismo del padre, dentro de la familia, me resulta más propio de décadas anteriores o de entornos rurales.

En la novela, la familia protagonista es encabezada por el padre, un hombre autoritario y obsesionado con el orden y la disciplina, y la madre, que asume un rol sumiso y resignado. Se nos presenta a un padre que es el pilar del hogar, un hombre de carácter inflexible que impone una crianza severa. Su concepción de la familia es rígida y tiende a controlar cada aspecto de la vida de sus hijos. En cambio, la madre encarna la pasividad y la resignación; no desafía abiertamente la autoridad del padre, pero sufre en silencio las tensiones familiares. Por su parte, los hijos representan distintos caminos dentro de esta estructura familiar opresiva; algunos intentan cumplir con las expectativas del padre, mientras que otros se rebelan o buscan escapar.

La historia no sigue un desarrollo lineal tradicional, sino que se construye a través de fragmentos que capturan momentos significativos en la vida de la familia. No hay una gran trama que avance de forma progresiva, sino una serie de episodios que ilustran la tensión y las dinámicas entre los personajes. Y aquí de nuevo todo me chirría. Sara Mesa proporciona un altavoz a la madre, al tío de los hijos —por parte de madre—, a cada uno de los cuatro hijos, haciéndonos partícipes de lo que piensa cada uno en forma de capítulos breves, ¿y no se lo da al padre, el objetivo principal de todas las críticas? Este punto hizo que sintiera la narración sesgada: faltaba la versión del padre, conocer sus pensamientos para encajar todas las piezas del puzzle. Además, hay personajes que, como decía al principio de esta reseña, aparecen en algunos fragmentos sin un rol específico, y queda la sensación de «pasaban por ahí».

Abundando en la estructura, Sara Mesa opta opta por capítulos breves que presentan situaciones concretas en la vida de los personajes sin que haya un hilo narrativo continuo, lo que para mí es otra debilidad de esta novela. El estilo sobrio y conciso, característico de la autora, que sugiere más de lo que dice explícitamente, funcionó bien en Un amor, pero aquí refuerza la frialdad del relato y dificulta la conexión con los personajes.

Es una lástima, pero La familia no me ha convencido, lo que no es óbice para que siga explorando la obra de esta autora española y para que os la recomiende, pues ha suscitado muy buenas opiniones.

Mi valoración: 2/5

Puntuación: 2 de 5.

Sara Mesa (Madrid, 1976) reside desde niña en Sevilla. En Anagrama se han publicado desde 2012 las novelas Cuatro por cuatro (finalista del Premio Herralde de Novela): «Una escritura desnuda y fría, repleta de imágenes poderosas que desasosiegan en la misma medida que magnetizan» (Marta Sanz, El Confidencial); Cicatriz(Premio El Ojo Crítico de Narrativa): «Sara Mesa levanta una literatura de alto voltaje trabajada con precisión de orfebre» (Rafael Chirbes); la recuperada Un incendio invisibleCara de pan: «Una pequeña obra maestra de la narrativa» (J. Ernesto Ayala-Dip, Qué Leer); Un amor: «Sus aristas se presentan bajo una prosa de limpieza desconcertante, escueta, ágil: se lee con la velocidad que asociamos al disfrute, pero al cerrarlo nos encontramos desamparados. Una novela magnífica» (Nadal Suau, El Cultural), La familia: «Ha escrito algunas de las historias más turbias de la literatura actual. Ahora arremete contra los falsos sueños de bienestar en La familia» (Laura Fernández, Babelia) y Oposición; además del muy celebrado volumen de relatos Mala letra: «Cuatro por cuatroCicatriz y Mala letra de Sara Mesa protagonizan desde hace meses la escena literaria española» (Christopher Domínguez Michael, Letras Libres); y el breve ensayo Silencio administrativo: «Una reflexión sobre el impacto brutal de la pobreza en los individuos que la sufren y sobre las actitudes imperantes frente a ellos en nuestra sociedad» (Edurne Portela, El País). Su obra es reconocida internacionalmente y ha sido traducida a una veintena de lenguas.

FICHA TÉCNICA DE MI EDICIÓN:
Título: La familia
Autor: Sara Mesa
Género: Novela literaria
Editorial: Anagrama
Formato papel:
ISBN: 978-84-339-9954-2
Nº de páginas: 232
Fecha de publicación: 14/09/2022
Encuadernación: Tapa blanda
Dimensiones: 22,8 x 14,3 cm
EAN 9788433999542
Idioma: Español

3 respuestas a “Reseña. «La familia» de Sara Mesa: ¿Una crítica social objetiva?

  1. La novela La familia de Sara Mesa es, en resumen, un ejercicio fallido de ambición literaria que se ahoga en su propia pretensión. Desde la primera página, el texto se arrastra con una prosa que intenta ser poética pero que termina siendo redundante y cargada de metáforas forzadas, como si la autora hubiera abierto un diccionario de figuras retóricas al azar y decidido usarlas todas, sin filtro ni coherencia. Los personajes, supuestamente complejos y oscuros, son en realidad caricaturas vacías, tan planas que resultan imposibles de recordar cinco minutos después de cerrar el libro. El protagonista, en particular, es un compendio de clichés: el intelectual atormentado, el padre ausente, el amante fracasado… una mezcla tan trillada que duele.

    La trama, si es que puede llamarse así, avanza a trompicones, entre saltos temporales que no añaden profundidad sino confusión, y diálogos que suenan artificiales, como si hubieran sido escritos por un algoritmo de IA programado para imitar «literatura seria». Los conflictos familiares que deberían conmovernos —traiciones, secretos, resentimientos— se resuelven con la sutileza de un mazo: predecibles, melodramáticos y, lo peor de todo, aburridos. La autora parece creer que oscuridad y miseria emocional equivalen a profundidad, pero en realidad solo logra una sucesión de escenas incómodas que no construyen ni una crítica social ni una reflexión íntima creíble.

    Y ni hablar del ritmo. La novela es un pantano: capítulos enteros dedicados a describir una taza de té frío o la sombra de un árbol, mientras lo poco que podría generar tensión narrativa queda sepultado bajo páginas de divagaciones pseudofilosóficas. Para colmo, el final es un anticlímax que deja la sensación de haber perdido el tiempo, como si Mesa misma hubiera abandonado cualquier intención de cerrar arcos argumentales, optando por un fade-out pretencioso que pretende ser «abierto» pero que en realidad es una confesión de incapacidad para concluir lo que empezó.

    En cuanto a los temas —la familia disfuncional, la culpa, la identidad—, todo queda en la superficie. Mesa no cuestiona, no explora, no subvierte; solo repite lugares comunes con un barniz de intelectualismo que no engaña a nadie. Es como si hubiera querido escribir una gran novela existencialista pero se quedó en el intento de copiar a autores mayores sin entender qué los hace relevantes.

    En resumen: La familia es un ladrillo pretencioso, un intento fallido de profundidad que se hunde en su propia vacuidad. Un libro para olvidar, o mejor aún, para no leer jamás.

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    1. Bueno, está claro que este libro no te ha gustado. Te sugiero, pasado un tiempo, que le des otra oportunidad a la escritora con “Un amor”. O no, pues los lectores no tenemos los mismos gustos literarios. De todas formas, gracias por comentar.

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      1. ¡Gracias por la sugerencia! Valoro mucho tu opinión, sin embargo, tras la experiencia con La familia, creo que Sara Mesa y yo, no conectamos ni en estilo, estructura ni enfoque temático. Prefiero cerrar aquí mi recorrido con su obra, pero celebro que otros lectores sí encuentren en ella algo valioso. Un abrazo y seguimos compartiendo lecturas (¡de otros autores, en mi caso!).

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