
Sinopsis:
La investigación sobre la identidad de una mujer asesinada dos décadas atrás llevará a Kinsey Millhone hasta la pista de su asesino.
Corre el verano de 1969, con sus furgonetas llenas de hippies, pantalones acampanados, sexo, drogas y manifestaciones por la paz… pero también una época en la que las investigaciones criminológicas contaban con una tecnología bastante primitiva en comparación con los grandes avances actuales. En una cantera próxima a la autopista la policía encuentra el cadáver en descomposición de una mujer —con las manos atadas, apuñalada varias veces y degollada—. En el curso de la investigación, apenas hay nada a que atenerse, y el caso queda sin resolver. Dieciocho años después, y a punto de jubilarse, los dos agentes de la ley que encontraron el cadáver querrían al menos identificar a la mujer. Viejos y achacosos, piden ayuda a Kinsey Millhone, pero volver al pasado puede acarrear consecuencias, y lo que comienza como una indagación para averiguar la identidad del cadáver termina siendo la peligrosa búsqueda de su asesino.
Opinión:
Hace unos días terminé Q de quién, de Sue Grafton, elegida en mi club de lectura, y lo primero que pensé fue: no es lo que esperaba. Está bien escrita, pero no me convenció. No soy ajena a la novela negra norteamericana —de hecho, estoy bastante familiarizada con el género en casi todas sus vertientes—, pero tuve la sensación de estar leyendo algo muy lejano. No solo en términos geográficos, sino también de sensibilidad. Acostumbrada a relatos más densos en lo emocional o más sutiles en su construcción, esta historia me resultó excesivamente funcional y, por momentos, demasiado mecánica. Y sin embargo, algo me hizo seguir leyendo.
Publicada originalmente en 2002, Q de quién es la decimoséptima entrega de la serie El alfabeto del crimen, protagonizada por Kinsey Millhone, una detective privada que conduce un Volkswagen Escarabajo y tiene una dieta basada en sándwiches de mantequilla de cacahuete con pepinillos. La novela se inspira en un caso real no resuelto: el asesinato de una joven sin identificar, hallada en una cantera en 1969. Años después, en 1987 —el “presente” de la novela—, dos policías jubilados, Con Dolan y Stacey Oliphant, deciden reabrir el caso antes de que sus propios cuerpos les pasen factura definitiva: uno padece problemas cardíacos; el otro, cáncer. Kinsey es contratada para echarles una mano y pronto se ve arrastrada a un rompecabezas que combina archivos polvorientos, recuerdos distorsionados y una larga lista de personas que preferirían no remover el pasado.
La historia se articula en dos planos temporales: el presente de la investigación y un pasado reconstruido a través de entrevistas, informes y analepsis. El caso tiene potencial: una víctima sin nombre, un crimen sepultado por el tiempo y una protagonista obstinada por encontrar respuestas. Pero, al menos para mí, ese potencial no termina de cristalizar. Todo avanza, sí, pero sin la tensión que suelo esperar en una buena novela negra.
Lo que más me desconcertó al principio fue el tono: Grafton ofrece abundantes detalles sobre el estado del cadáver, cómo fue hallado, cada paso del procedimiento forense… pero lo hace con un lenguaje tan funcional, casi clínico, que me dejó fuera. Esa frialdad —propia del expediente inicial, no tanto del resto de la narración— marca una distancia que me costó salvar. En contraste, los vínculos personales, especialmente la interacción con los policías jubilados, sí aportan cierta humanidad. Aun así, el conjunto me pareció emocionalmente contenido, como si Grafton optara por observar más que implicarse. Y cuando logré adaptarme al tono, los detalles irrelevantes en las numerosas descripciones empezaron a entorpecer mi ritmo de lectura.
La traducción tampoco ayudó. Ver “Jane Doe” traducido como “Juana Nadie” me sacaba constantemente de la historia. Entiendo la dificultad de trasladar un término legal y culturalmente tan específico, pero el resultado sonaba forzado, poco natural, como si el lenguaje se interpusiera entre la historia y yo.
Kinsey Millhone es el motor de la novela, como sucede en toda la serie. Narrada en primera persona, su voz combina cinismo y cierta entrañable ironía, muy en la línea del género hard-boiled. Es inteligente, autosuficiente, algo solitaria, y tiene esa mezcla de sarcasmo y vulnerabilidad que, en teoría, debería conquistarme. Pero confieso que en esta novela no lo logró del todo. Me costó conectar con ella. Tal vez porque hay poco espacio para la emoción genuina, o porque los destellos de su vida personal —su relación con su casero, sus rutinas excéntricas— se sienten como momentos sueltos, sin un hilo emocional claro. No sé si es porque he llegado a la serie en la letra Q, sin haber leído las anteriores, pero me faltó contexto. Me faltó carne narrativa. Y me faltó credibilidad.
Sí me gustó, en cambio, la dinámica entre Kinsey y los dos policías jubilados. Dolan y Oliphant están bien construidos, con una humanidad discreta que aporta calidez al relato. Sus cuerpos fallan, pero su dignidad sigue intacta. Hay una melancolía que flota en sus escenas, y algo muy honesto en su necesidad de cerrar un capítulo antes de que el suyo propio se termine. Eso, más que el crimen en sí, fue lo que me mantuvo interesada.
El estilo de Grafton es directo, sin florituras, con diálogos ágiles y una voz narrativa salpicada de ironía. A veces eso se agradece —como cuando describe a un sospechoso con “más arrugas que una pasa olvidada en la despensa”—, pero en otros momentos el tono parece restarle peso a lo que debería afectarnos más. Esa ligereza narrativa, que para muchos es parte del encanto de Grafton, a mí me dejó con la sensación de que algo faltaba. Como si el crimen fuera solo una excusa para que Kinsey nos cuente su día a día, pero sin entrar del todo en ella ni en los demás.
¿Tiene virtudes esta novela? Sí, sin duda. La estructura está bien pensada, la dinámica entre los policías es entrañable, y el retrato de la investigación —sin glamour ni atajos— tiene un valor casi documental. Pero también hay debilidades evidentes: un tono emocionalmente plano en ciertos tramos clave, ritmo irregular, personajes secundarios funcionales pero poco profundos, descripciones tediosas, trama previsible y un estilo que, aunque eficaz, se siente impersonal para la historia que quiere contar.
La serie que Grafton comenzó en 1982 con A de adulterio fue pionera en varios sentidos: no solo por su estructura alfabética —una novela por cada letra, escrita a lo largo de más de tres décadas—, sino porque consolidó una voz femenina dentro del hard-boiled estadounidense, un territorio tradicionalmente masculino. Kinsey Millhone, con su independencia, su mirada irónica y su ética profesional sobria, se convirtió en una figura clave del género, abriendo camino para otras detectives literarias y contribuyendo a que la novela negra estadounidense se diversificara tanto en perspectiva como en tono.
No sé si Q de quién es la mejor o la peor entrega de la serie, pero como primer contacto con la obra de Grafton, me dejó con dudas. No me pareció una buena novela, por eso he decidido darle una segunda oportunidad: leeré A de adulterio, la primera entrega, para saber si el problema era esta historia en particular o si, simplemente, Grafton y yo no hablamos el mismo idioma literario.
Sé que hay personas a las que les ha encantado esta novela, y eso me frustra un poco, porque seguro que hay algo que me estoy perdiendo; algo que no veo entre tanto sospechoso y sándwich improbable. Veremos…
Mi valoración: 2/5

Sue Grafton (Kentucky, 1940-California, 2017) trabajó como guionista de televisión antes de alcanzar el éxito con el Alfabeto del Crimen, la serie de novelas policiacas protagonizadas por Kinsey Millhone, merecedoras de premios como el Mysterious Stranger Award, el Shamus Award, el Anthony Award y el Premio Ross Macdonald, y publicadas por Tusquets, además del volumen de relatos y autobiográfico Kinsey y yo.
FICHA TÉCNICA DEL LIBRO:
Titulo en español: Q de quién
Título original: Q de Quarry
Autora: Sue Grafton
Género: Novela negra, narrativa contemporánea
Editorial: Tusquets
Serie: Alfabeto del crimen
Encuadernación: Rústica con solapas
Dimensiones: 21.0 x 14.0 cm
ISBN: 978-84-8310-238-1
Fecha de edición: 01/05/2003
Nº de páginas: 432
Idioma: Español