Reseña. «La isla del tesoro», un clásico de aventuras inolvidable

«La Isla del Tesoro» de Robert Louis Stevenson (1883; Blume, 2020)

Opinión:

Hay libros que se cuelan en tu vida cuando eres niño y se quedan contigo para siempre, como viejos amigos que te conocen mejor que nadie. La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson es uno de esos para mí. Crecí devorando historias de aventuras, y este fue de los primeros que me tuvo pegado a sus páginas, imaginándome a bordo de la Hispaniola o buscando mapas en baúles polvorientos. No sé cuántas veces lo he releído desde entonces —he perdido la cuenta—, pero cada vez que vuelvo a él, siento esa misma chispa de emoción, ese cosquilleo de la primera vez. Es como si la isla, los piratas y Jim Hawkins me estuvieran esperando para zarpar de nuevo. Y en esta última relectura, con la edición ilustrada de Blume en mis manos, no solo redescubrí la historia, sino que confirmé por qué sigue siendo tan especial.

Publicada por primera vez como libro en 1883, tras aparecer serializada entre 1881 y 1882 en la revista Young Folks bajo el título The Sea Cook: A Story for Boys, La isla del tesoro es una de las novelas que definió el género de aventuras. Stevenson no solo creó una historia: dio vida al mito de los piratas, los mapas del tesoro y las islas perdidas, grabándolos a fuego en nuestra imaginación colectiva.

La trama nos lleva al siglo XVIII, a un Caribe brumoso y una isla ficticia que parece tan real que casi puedes oler la sal y la selva. Stevenson tiene ese don: con unas pocas pinceladas, te planta en tabernas oscuras de la costa inglesa, en cubierta bajo un cielo inmenso o entre la maleza de una isla cargada de secretos. La atmósfera es puro hechizo: hay tensión en el aire, pero también maravilla, como si en cada esquina acechara un peligro o una promesa. Recuerdo leer de pequeño y sentir el crujir de las velas, el murmullo de los marineros conspirando, el latido de mi propio corazón al girar la página. Todavía lo siento ahora.

El narrador es Jim Hawkins, un chaval valiente y curioso que me hizo soñar con ser como él. Todo empieza cuando encuentra un mapa del tesoro en el baúl de Billy Bones, un viejo lobo de mar que muere dejando tras de sí un misterio irresistible. A partir de ahí, Jim se lanza a la aventura en la goleta Hispaniola junto al doctor Livesey y el capitán Smollett, dos figuras que aportan calma y sensatez a la locura que está por venir. Pero Stevenson no se conforma con una sola voz: a veces deja que Livesey tome el mando de la narración, y eso le da al relato una profundidad que agradezco más ahora que cuando era niño. Es como ver la historia desde dos pares de ojos distintos, uno joven y otro maduro, y eso la hace aún más rica.

El viaje se tuerce pronto. Lo que parecía una expedición emocionante se convierte en una lucha a vida o muerte cuando los tripulantes, liderados por el inolvidable John Silver, revelan sus planes de motín. Ay, Long John Silver… Con su pata de palo y su loro gritón, es el alma de la novela. De pequeño lo odiaba y lo admiraba a partes iguales: es un villano, sí, pero tiene un carisma que te atrapa. Es astuto, encantador, y luego te clava el puñal por la espalda sin pestañear. Luego están Ben Gunn, el náufrago chiflado que siempre me sacaba una sonrisa, y Trelawney, el noble torpe que mete la pata una y otra vez. Son personajes que se te quedan grabados, como si los hubieras conocido en persona.

El estilo de Stevenson es de los que enganchan sin darte cuenta. Escribe claro, directo, pero con una magia que hace que cada frase pinte un cuadro en tu cabeza. No se enreda en florituras, y eso deja espacio para que tu imaginación vuele. Creo que por eso me gustaba tanto de crío: no me lo daban todo mascado, podía llenar los huecos con mis propios sueños de piratas y tesoros.

Y luego está mi edición, la de Blume con ilustraciones de Robert Ingpen. Qué maravilla. Este libro no es solo para leerlo, es para tenerlo en las manos y mirarlo una y otra vez. Ingpen, un genio australiano, ha sabido capturar el espíritu de la historia en cada dibujo. La taberna del Almirante Benbow aparece envuelta en niebla, como si pudieras entrar y pedir una jarra; las escenas en la isla son puro nervio y color, con detalles que te meten de lleno en la acción. Esas ilustraciones no solo acompañan el texto, lo hacen más grande, más vivo. Tener este libro es como sostener un pedazo de mi infancia, pero también un regalo para el adulto que soy ahora.

En fin, La isla del tesoro es mucho más que una novela de aventuras. Es una trama que no te suelta, personajes que se te meten bajo la piel y un estilo que te lleva de la mano sin que te des cuenta. Esta edición de Blume con el arte de Ingpen lo eleva todo a otro nivel, convirtiendo cada relectura en un viaje nuevo. Más de un siglo después, sigue siendo una invitación a zarpar, a perderte en los mares del Caribe y en los secretos de esa isla que nunca deja de sorprenderme. Para mí, es un tesoro que no envejece.

Mi valoración: 4/5

Puntuación: 4 de 5.

Robert Louis Stevenson (1850-1894) fue un escritor escocés conocido por sus novelas de aventuras, literatura gótica y relatos de terror. Su obra más famosa es La isla del tesoro (1883), un clásico de la literatura de aventuras, pero también es célebre por El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886) y Secuestrado (1886).

Robert Louis Stevenson

Nació en Edimburgo en el seno de una familia acomodada de ingenieros. Desde joven mostró interés por la literatura, aunque sus padres esperaban que siguiera la tradición familiar. Su frágil salud lo obligó a viajar constantemente en busca de climas más favorables, lo que influyó en su visión del mundo y en su escritura.

En 1890 se instaló en Samoa, en el Pacífico Sur, donde escribió varias novelas y relatos. Murió en 1894 a los 44 años. A pesar de su corta vida, dejó un legado literario inmenso. Sus obras han sido adaptadas innumerables veces y su influencia se percibe en la literatura de aventuras, el género gótico y hasta en el cine y la cultura popular.

Bajo el inmenso y estrellado cielo, cavad mi fosa y dejadme yacer, alegre he vivido y alegre muero, pero al caer quiero haceros un ruego: que pongáis sobre mi tumba este verso, aquí yace donde quiso yacer, de vuelta del mar está el marinero, de vuelta del monte está el cazador.

(Epitafio en verso sobre la tumba de Robert Louis Stevenson).

FICHA TÉCNICA DE MI EDICIÓN:
Título original: Treasure Island
Título en español: La isla del tesoro
Autor: Robert Louis Stevenson
Traductor: Julio César Santoyo
Ilustrador: Robert Ingpen
Género: Literatura juvenil, novela de aventuras
Editorial: Blume
Encuadernación: Tapa blanda
Dimensiones: 20 x 20 cm
ISBN: 9788418075438
EAN: 9788418075438
Fecha de edición: 01/10/2020
Idioma: Español

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