Reseña. Una joya literaria: «Confusión de sentimientos», de Stefan Zweig

«Confusión de sentimientos», de Stefan Zweig (1926; Acantilado, 2014)

Sinopsis:

Roland, un joven estudiante, está a punto de abandonar los estudios cuando su padre decide enviarlo a la universidad de una pequeña ciudad de provincias. Allí, un brillante profesor despierta en él una nueva pasión: el amor al saber. Deslumbrado, el joven se acerca al maestro y le propone ayudarlo a concluir la gran obra de su vida. El profesor acepta el ofrecimiento, pero pocas veces manifiesta la gratitud que el discípulo ansía y en ocasiones incluso lo trata con una distancia que lo atormenta. Tan devoto como inseguro, Roland se pregunta por qué no es digno del interés de una persona tan maravillosa como el admirado maestro, ¿tan despreciable lo considera? La respuesta, sin embargo, es mucho más compleja y desconcertante de lo que podía sospechar, y sólo en el otoño de su vida, cuando él mismo se ha convertido en un respetado profesor, es capaz de evocar unos hechos que, ahora lo sabe, marcaron su vida más que todos los honores o los éxitos profesionales.

Opinión:

Me moría por reseñar algunas de las obras del austriaco Stefan Zweig, así que volví a leer la novela que describe el torbellino de sentimientos de un joven alumno por el que fuera su maestro —¿cómo no elegirla si Despertares de Stonewall es el nombre de este blog?—. Hablo de Confusión de sentimientos. Apuntes personales del consejero privado R.v.D. (Verwirrung der Gefühle), publicada por la editorial Acantilado en 2014 gracias a la traducción de Joan Fontcuberta. Con anterioridad, la misma editorial la había incluido como Confusión de sentimientos (sin la coletilla de su título) junto con otras nouvelles en el libro Novelas, editado en 2012 y ya agotado.

Merece la pena profundizar primero en la vida del autor y en el contexto en que fue escrita esta obra.

Stefan Zweig nació en Viena, en el seno de una familia judía acomodada. Tras doctorarse en Filosofía, viajó por muchos países —España, Bélgica, Italia y Holanda— y se relacionó con figuras como Joseph Roth, Rainer Maria Rilke, Auguste Rodin, William Butler Yeats o Luigi Pirandello, entre otros. Fue amigo de Sigmund Freud y Richard Strauss. Al estallar la Primera Guerra Mundial, no dudó en escribir artículos desde una postura pacifista. Durante este periodo redactó Jeremías, una obra claramente crítica con la guerra, celebrada por su amigo y también escritor Thomas Mann. Vivió en Suiza durante el conflicto, desde donde siguió defendiendo la idea de una Europa unida.

En 1920 contrajo matrimonio con Friderike Maria von Winternitz y se instaló en Salzburgo. Durante los años siguientes escribió la mayoría de sus novelas cortas y biografías, todas ellas atravesadas por intensas tensiones emocionales y crisis psicológicas, muy influido por el trabajo de Freud. En estas obras aborda temas como el juego, la prostitución, el adulterio, el suicidio o la homosexualidad. Entre sus novelas cortas destacan AmokMiedoConfusión de sentimientosVeinticuatro horas en la vida de una mujer. En el terreno biográfico, dedicó obras a personajes como María Antonieta, Fouché o Magallanes.

Stefan Zweig

Con la llegada de Hitler al poder, sus libros fueron condenados y prohibidos. Cuando el fascismo alcanzó Austria y la policía fue a registrar su casa, Zweig huyó para no regresar jamás. En 1938 se divorció de su primera esposa y se instaló en Londres. Un año después se casó con Lotte Altmann. En los años siguientes evitó manifestarse abiertamente ni contra el nazismo ni a favor de los judíos perseguidos, adoptando una postura más tibia en su intento de mantener una vida sin interferencias. Sin embargo, su obra comenzó a centrarse cada vez más en personajes atormentados, tanto históricos como ficticios, enfrentados en situaciones de peligro. Es entonces cuando escribe las biografías de María Estuardo y de María Antonieta, la novela La piedad peligrosa y la breve pero magistral Novela de ajedrez, que contiene elementos autobiográficos.

Aunque tenía la residencia británica, se sentía un refugiado judío y esto perturbaba su existencia. En El mundo de ayer, escrito poco antes de su muerte, Zweig describe a los refugiados judíos en Londres como «fantasmas» en busca de un país que esté dispuesto a recibirlos.

En 1940, Zweig y su esposa viajaron a Nueva York, pero allí se toparon con más refugiados que les recordaban los terribles acontecimientos que seguían ocurriendo en Europa. Pocos meses después, la pareja viajó a América del Sur y se instaló en Petrópolis (Brasil), con la esperanza de empezar una nueva vida. Zweig llegó a escribir un libro: Brasil, país de futuro.

El 22 de febrero de 1942, ambos fueron encontrados muertos. La pareja había decidido quitarse la vida. Zweig dejó una nota de despedida —hoy pública—, en la que explica las razones de su decisión.

Confusión de sentimientos fue escrita en 1926, mientras Zweig vivía en Salzburgo. Está ambientada brevemente en el Berlín de los años veinte, pero se desarrolla sobre todo en una universidad de provincias.

Ese Berlín efervescente representaba entonces una época de renacimiento cultural y creatividad desbordada: clubes, bares, cafés, salones de fiesta, teatro cabaré; un hervidero de influencias literarias, cinematográficas y teatrales. Las ideas de la época, el jazz y las mujeres modernas de cabello corto rompían con los esquemas y costumbres anteriores. Así describe Roland, uno de los protagonistas, cómo se sintió al descubrir «aquella Berlín de entonces»:

[…] en aquella Berlín de entonces que, sorprendido ante su propio crecimiento, rebosando una virilidad demasiado bruscamente adquirida, hacía brotar su electricidad de todas las piedras y calles e imponía irresistiblemente a todo el mundo un ritmo de febriles latidos que con su avidez se parecía enormemente a la embriaguez de mi propia virilidad, de la cual acababa de tomar conciencia. 

Se trataba también de la época en que Berlín se había convertido en el epicentro de la comunidad gay europea. A pesar del párrafo 175 del código penal —que prohibía «la fornicación contra natura realizada entre hombres»—, florecieron más de un centenar de clubes, bares y salones de encuentro. Una subcultura gay vibrante y visible se abría paso en la ciudad, con numerosos círculos de intelectuales que discutían abiertamente sobre el tema. Fuera de la capital, sin embargo, la sexualidad seguía siendo asunto estrictamente privado.

Este libro no dice una sola palabra del secreto de mi iniciación a la vida intelectual: por eso no pude menos que sonreír. Es cierto todo lo que contiene, sólo falta lo esencial. Me describe, pero no me expone. Habla simplemente de mí, pero no revela quién soy.

En este contexto comienza la narración, con un homenaje que estudiantes y colegas han organizado por el sexagésimo cumpleaños de un respetado profesor, tras tres décadas de labor académica. Durante la celebración, él echa la vista atrás y rememora a la persona a quien debe todo lo que es: un brillante y apasionado profesor de filología inglesa que conoció en su juventud y que despertó en él el amor por las Humanidades. Esta evocación da paso a la verdadera trama de la obra.

Roland, en su juventud, estuvo a punto de abandonar los estudios, pero avergonzado ante su padre, decide matricularse en una pequeña universidad de provincias. Allí, por azar, conoce a ese brillante profesor. Cuando lo escucha por primera vez, queda extasiado. Impresionado por su pasión, decide presentarse ante él y, más adelante, se ofrece para ayudarle con la obra de su vida. El profesor acepta, y desde entonces Roland se vuelca en los estudios con el objetivo de ganarse la admiración de su maestro. Colabora con él por las tardes, aunque sufre con la frialdad y distancia con que a veces lo trata.

Así, Confusión de sentimientos narra la historia de un alumno que busca con insistencia la aprobación de su maestro, sin lograr comprender el torbellino de emociones que anidan en él: ¿veneración, amistad, amor, pasión?

Vanos fueron mis esfuerzos por tratar de tranquilizarme: como cosido en el negro saco de una pesadilla infrangible, luchaba yo con todas mis fuerzas para hallar una explicación y para salir de la misteriosa confusión de esos sentimientos contradictorios.

Creedme cuando os digo que esta obra es una joya literaria. Es breve, poco más de cien páginas, pero qué intensidad. Es increíble la vorágine de emociones que puede despertar en el lector. Escrita en primera persona desde la perspectiva de Roland, Zweig hila con delicadeza y elegancia todos los matices afectivos de sus personajes. Y lo hace con tal maestría, que resulta casi imposible apartar la vista de esa sinfonía fascinante de palabras.

Zweig construye una novela llena de contrastes. El Berlín bullicioso, la gran ciudad, frente a la sosa ciudad de provincias. La libertad que Roland experimenta a su llegada a la capital, frente al aire irrespirable y la rigidez de la Universidad. Y ese contraste se extiende a los personajes. Unos personajes que son magníficos. Roland, el joven discípulo, inocente e inseguro, vive atormentado porque no entiende la actitud de su maestro, aunque posee la belleza fresca y el arrojo que otorga la juventud.

El brillante maestro, a quien se le ilumina el rostro cuando se entrega a la pasión con la que enseña a sus alumnos, de edad indefinida cuando enardece los debates estudiantiles con la exaltación del lenguaje, pero introvertido, errático y enigmático en su vida personal. Su esposa, más joven que él; en su casa es amable, callada, sombría y recelosa del tiempo que su marido dedica al joven, pero alegre, despreocupada y aventurera fuera de su hogar. El contraste entre los tres personajes es tan brutal, su lucha interior tan profunda por diferentes razones que descubriremos, que te preguntas si saldrás indemne de esa lectura. Y no, al menos yo no; la primera vez salí tocada y casi hundida por la huella que me dejó.

La intensidad de la narración va in crescendo hasta desembocar en un final que es una verdadera revelación. Cuando cierras el libro no puedes creer que Zweig haya elegido terminarlo así; te quedas con hambre de más, con ganas de otro desenlace. Pero al mismo tiempo agradeces que fuera este en concreto, porque cualquier añadido podría haber restado fuerza a ese derroche emocional que provoca.

Terminé por comprar casi toda su obra.

Confusión de sentimientos es una pequeña gran obra de contrastes, una lectura conmovedora donde Stefan Zweig describe con naturalidad y elegancia los sentimientos de un joven discípulo por su maestro. Absorbente e íntima. Lo dicho: una verdadera joya.

Mi valoración: 5/5

Puntuación: 5 de 5.

Stefan Zweig (Viena, 1881 – Petrópolis, Brasil, 1942) fue un escritor enormemente popular, tanto en su faceta de ensayista y biógrafo como en la de novelista. Su capacidad narrativa, la pericia y la delicadeza en la descripción de los sentimientos y la elegancia de su estilo lo convierten en un narrador fascinante, capaz de seducirnos desde las primeras líneas. En Acantilado han aparecido ya La lucha contra el demonio (Hölderlin, Kleist, Nietzsche), Castellio contra Calvino (Conciencia contra violencia), Momentos estelares de la humanidad (Catorce miniaturas históricas), El mundo de ayer (Memorias de un europeo), La embriaguez de la metamorfosis, Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Novela de ajedrez, Carta de una desconocida, Los ojos del hermano eterno, Ardiente secreto, El amor de Erika Ewald, Tres maestros (Balzak, Dickens, Dostoievski), Noche fantástica, La mujer y el paisaje, Correspondencia, Montaigne, La curación por el espíritu, El candelabro enterrado, La impaciencia del corazón, El legado de Europa, Amok, Viaje al pasado, Mendel el de los libros, ¿Fue él?, Los milagros de la vida, Las hermanas y las biografías Fouché y María Antonieta.

FICHA TÉCNICA:
Título: Confusión de sentimientos. Apuntes personales del consejero privado R.v.D.
Título original: Verwirrung der Gefühle
Género: Literatura clásica
Traducción: Joan Fontcuberta
Editorial: Acantilado
ISBN: 978-84-15689-97-3
Formato papel:
Dimensiones: 13x21 cm
Encuadernación: Rústica cosida
Nº de páginas: 112
Idioma: Español

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